A 35 años del Nunca Más: una brújula para encontrarnos

Allí estaban casi todos los miembros de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Aguardaban en la explanada de la Casa Rosada la llegada de su presidente, el escritor Ernesto Sabato. Adentro ya estaba el presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, para el acto de entrega del informe que había elaborado y que sería conocido bajo el nombre de “Nunca Más”.Sabato estaba muy demorado. La ansiedad se transformó en temor. ¿Los servicios de inteligencia habrían cumplido sus múltiples amenazas? De repente, sus compañeros lo vieron descender de uno de los autos oficiales. Les explicó que cientos de personas que marchaban hacia la Plaza, al darse cuenta de su presencia, se habían abalanzado hacia el coche para vivarlo y debieron disminuir la marcha.En el acto, el escritor le entregó a Alfonsín varias carpetas con la conclusión de la investigación. Era el 20 de septiembre de 1984. Desde la Plaza llegaban los ecos de decenas de miles de personas que cantaban, se abrazaban y lloraban.En el apretón de manos entre Sábato y Alfonsín se sintetiza una instancia de diálogo entre la sociedad civil y sus gobernantes; una confluencia de intereses detrás de un futuro posible. No abundan los momentos como ése en nuestro país.¿Cómo se llegó a ese paso trascendental en un país que despertaba de la peor tragedia imaginable? Alfonsín había tomado la determinación de investigar y condenar los delitos de lesa humanidad cometidos desde el Estado. Y, contra todo pronóstico, sentó las bases de una sólida política en materia de derechos humanos, sobre los pilares de la mencionada Conadep y el Nunca Más, y del posterior Juicio a las Juntas de 1985.Ahora bien, la Conadep y su informe no surgieron del consenso sino a través de un decreto presidencial. ¿Había otro modo en esa Argentina en carne viva?Por un lado, la corporación militar, con el poder de fuego intacto, se resistía a ser interpelada por cualquier instancia civil. Por el otro, el progresismo y los organismos de derechos humanos querían que una Comisión Bicameral en el Congreso investigase los delitos. El PJ, directamente, había avalado la autoamnistía de los militares.Alfonsín encontró en ese gesto de autoridad el modo de sortear una encrucijada: cómo avanzar en el camino de verdad y justicia sin poner en peligro la débil democracia. En definitiva, cómo construir un horizonte colectivo pese a las diferencias.Hoy nos encontramos, una vez más, en otro momento de crisis. La dimensión de lo ocurrido es incomparable; sin embargo, existe un rasgo común: la división de la sociedad. En nuestros tiempos, encarnada en la disputa entre Cambiemos y la oposición liderada por el kirchnerismo. Pero con un agravante: la imposibilidad de establecer reglas mínimas de entendimiento.De ahí que el mayor desafío para el gobierno y la oposición elegidos en las próximas elecciones, pero también para las elites dirigenciales que inciden en el juego, será el de ayudar a reestablecer un diálogo común entre los argentinos.El riesgo si no se lograra, para explicarlo con una metáfora futbolera, es que los sectores de poder en pugna ni siquiera puedan inclinar la cancha a su favor –táctica esperable en ellos- porque con la pelota pinchada no hay partido posible.En un sistema hiperpresidencialista como el argentino, la mayor responsabilidad será del próximo presidente, ya que deberá negociar, convencer y ceder para luego, sí, tomar las decisiones que permitan construir un horizonte colectivo posible, basado en el fortalecimiento institucional, tal como ocurrió en 1983.Pablo Marmorato es periodista y analista político. Autor de “Nenuca. La biografía de Graciela Fernández Meijide” (Sudamericana)

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El nuevo deporte: pegarle a Macri

No hay mucha vuelta que darle: algo que va a quedar en la historia del gobierno de Macri y en la historia del propio Macri, es la filípica que un obispo le dedicó en Salta. Para que quede claro: fue la filípica de un obispo a un presidente de la Nación.Sobran personajes que en estos días, que son los días más difíciles de Macri, aprovechan la debilidad de Macri para hacer leña del árbol caído. Difícilmente harían algo así si Macri estuviera fuerte. No se puede decir que el obispo Cargnello sea otro panqueque como los que hoy abundan. Hasta donde se sabe en el mundo de la Iglesia y no sólo de la Iglesia, se lo conoce por otras cosas, no por haber sido macrista.Son varias esas cosas por las que se lo conoce. Y están muy mezcladas. Es hijo de un dirigente histórico del radicalismo catamarqueño y estudió en el seminario de Paraná en tiempos del arzobispo Tortolo. El seminario y el arzobispo eran dos emblemas del ala más conservadora de la Iglesia. Cargnello nunca fue parte de ese grupo. Tampoco fue un crítico de ese grupo.Empezó su carrera religiosa en Catamarca, su propia provincia. Y fue el dos del vicario que, enfermo, lo dejó a cargo en los hechos. Desde ahí enfrentó a los Saadi por el asesinato de María Soledad. Muy joven, a los 42 años, el Papa Juan Pablo II lo nombró obispo de Orán.

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Muy cercano al nuncio Calabresi, fue ascendido a arzobispo de Salta. Nunca fue amigo de Bergoglio ni de los amigos de Bergoglio. Más bien, adversario. El primer cortocircuito grande lo tuvo cuando ordenó sacerdote a un seminarista salteño al que Bergoglio había echado de los jesuitas por “conductas impropias”, la manera con la que en la Iglesia se llamaba y se llama a los abusos sexuales o a las prácticas homosexuales.El caso de los abusos le trajo varios dolores de cabeza. El mayor: haber auspiciado el Instituto Hermanos Discípulos de Jesús San Juan Bautista. El sacerdote fundador, Agustín Rosa Torino, fue denunciado nada menos que por abusos y por vínculos con el Cartel de Sinaloa del Chapo Guzmán, del que habría recibido grandes donaciones. Rosa Torino está suspendido y bajo proceso en el Vaticano, que en agosto pasado cerró el Instituto.Cargnello invitó a Macri a la festividad del Señor y la Virgen del Milagro, la más tradicional de Salta. Y el sacerdote que dio la misa le agradeció al presidente que hubiera ido. Pero ahí se cerraron los brazos abiertos. Fuera de libreto, Cargnello tomó el micrófono y sobreactuó con Macri: “Cuando empezó su mandato dijo que iba a luchar por la pobreza cero. ¿Qué puede decir Salta ahora? Le da los rostros de la pobreza”. Se aprovechó de que Macri no podía contestarle.

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En la filípica metió de todo. Al gobernador que él apoya y a los políticos. Un montaje: estaba claro que el verdadero destinatario era Macri, que fue al que se dirigió y al único al que nombró. Algo muy parecido había hecho un enemigo de Cargnello con una amiga de Macri: el obispo Lugones, del riñón de Bergoglio, con la gobernadora Vidal. La invitó a participar de la Pastoral Social para cerrar el encuentro y cuando ella terminó de hablar, Lugones le retrucó también fuera de libreto. Una curiosidad: Lugones fue quien reemplazó a Cargnello como obispo de Orán.Nadie sabe mejor que Cargnello por qué hizo lo que hizo y el momento que eligió para hacerlo. Puede suponerse que está haciendo lo mismo que hacen muchos: acomodarse a los nuevos tiempos.

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Inflación, salarios, tarifas: lo que hay y lo que puede venir

Entre tantas cosas arrasadas por el vendaval de las PASO hubo una que el macrismo acariciaba desde hacía 18 meses: la posibilidad de mostrar, por fin, un índice de precios que empezara con el número 1. El dato que manejaban en despachos importantes del área económica marcaba 0,9% hasta el viernes previo a la elección, y en sus cálculos agosto pintaba para 1,7 o 1,8%, después de un año y medio de meses que arrancaron con un 2 o con más de un 2. Por si no se sabe, el INDEC cantó 4%.Está claro que el 4% no registró el impacto completo de la devaluación del 38% que hubo en agosto, casi toda violentamente concentrada en los tres días que siguieron al aplastante triunfo del cristinismo. Luego, hay un porcentaje que se irá volcando a los precios durante estos meses y, sobre todo, durante el que corre.Según estimaciones de especialistas, es usual aquí que un tercio de los aumentos del dólar termine en las góndolas, bastante más que en Chile, Brasil, Uruguay y que en el resto del vecindario. O era usual, pues últimamente la experiencia les dice que se traslada cerca de la mitad del ajuste.

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Algunas consultoras pronostican no menos de 6% para septiembre, un 4,3% en octubre y nada inferior a 3% hasta entrado el 2020. El año cerraría con una inflación en torno del 55% y, así, el ciclo macrista se anotaría con un impresionante 300%.Todo resulta notable en la estadística oficial, pero pocos o ningún número suena tan fuerte, por su magnitud y significado, como el 58,8% que aumentó el costo de los alimentos en los últimos doce meses. Al interior del promedio hay: 84,7% en leche y productos lácteos; 72,4% en aceite; 65% en café, té y yerba; pan con un 57,6 y el 56% de la carne.Esta historia de la crisis continúa con la caída a pique del salario real. En términos anuales, las cifras del INDEC señalan una pérdida de 12,5 puntos porcentuales para los sueldos privados en blanco; 13 redondos para los empleados públicos y 20,5 para quienes están ocupados en negro, o sea, un universo que abarca a casi 5 millones de trabajadores.Previsible, el combo de agosto sacudió al consumo y agregó leña al fuego que había. Según un par de consultoras especializadas, el bajón promedió del 5,4 al 11%, con 9,2% y hasta 11% en alimentos, esto es, allí donde se concentra el 59% del consumo total. Todavía sin cifras frescas, un informe del INDEC dice que hasta junio las ventas en supermercados y shoppings acumulan doce meses de caídas.Mezcla de recesión, de tarifas y malaria, en agosto el consumo de energía eléctrica retrocedió 1,6%, tras un 4,6% en julio y el 10,4% de junio. El de gas natural llevaba hasta julio 10 meses sin levantar cabeza y 13 el muy ilustrativo transporte urbano y suburbano de pasajeros. Tickets a precios acomodados y dólar carísimo, hay finalmente algo que vuela: los viajes aéreos de cabotaje, que están volando al 26%.Se sabe que tanto número junto fatiga y que fatiga, incluso, a los aficionados a los números. Pero se sabe también que a menudo los datos crudos informan sobre la realidad mejor que los discursos.

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Consumidores tras las PASO: temor de los macristas y algo de esperanza en los K

Dicho esto, otra tanda de números. Ahora la venta de naftas, que medida en conjunto bajó 4,7% entre enero y julio y baja sin pausa desde julio de 2018. Sube al 5% la demanda de nafta súper y sube a expensas de la cada vez más distante nafta premium, cuyas ventas han llegado a hundirse 30% en estos meses.Vale agregar que gran parte de esto ha ocurrido con tarifas congeladas. El freno macrista concluye a fin de año, lo cual desata un después qué a cargo del presidente electo.A propósito del por venir, una definición bien reciente de Cristina Kirchner: “Lo que los argentinos no queremos es que nos hagan pagar con precio internacional lo que producimos acá”. Habló de “precios nacionales” y, de hecho, habló de los costos internos del petróleo, del gas natural y de los combustibles.A cuento de lo mismo o de algo semejante, Nicolás Arceo, director de YPF en tiempos de Miguel Galuccio y ex funcionario clave de Axel Kicillof, planteó un dilema durante un encuentro organizado por la Universidad Flacso. Dijo que según los marcos regulatorios acordados con las distribuidoras y el cuadro tarifario vigente, el gas natural debería subir 66% en enero o abril. La salida, agregó, consiste en hallar un punto intermedio entre los consumidores y el desarrollo del sector.Alberto Fernández ha anunciado que si llega al poder avanzará en un pacto social que, entre otros elementos, tocará a precios y salarios. Se supone, un congelamiento por 180 días. Pregunta nada inocente: ¿incluirá también a las tarifas?Detrás de la movida asoma, nítida, la idea de congelar la inercia inflacionaria que arrastra aumentos de precios en continuado, probablemente una desindexación de facto. Otra pregunta nada inocente: ¿el corte incluirá a jubilaciones y planes sociales?, que representan el 60% del gasto público. Al menú le falta nada menos que el dólar o una alta dosis de control de cambios.Antes herencia kirchnerista, ahora herencia macrista. Antes y ahora errores de todos los colores y tamaños y, en cualquier caso, un saldo bastante parecido a la misma moneda. Pagan, eso sí, los argentinos de Cristina, pero nunca pagan parejo. 

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A 80 años de la Segunda Guerra, resonancias perturbadoras

El 80 aniversario del comienzo de la Segunda Guerra Mundial se da en un nuevo marco de extremismo, racismo y populismo a nivel global. La democracia esta siendo atacada por nuevos y antiguos enemigos. Y sin embargo, muchos cosas cambiaron.El mundo ya no es lo que era hasta hace poco luego del surgimiento del trumpismo y otros populismos extremistas y se parece cada vez al mundo que fue hace mucho. En cualquier caso, la historia no es cíclica y poco tiene que ver nuestra realidad con aquella de los comienzos de la guerra. Guerras civiles e imperialistas en nombre del fascismo y la raza no hay, tampoco existe la Unión Soviética y países como China o India son independientes y centrales. Y sin embargo, abundan los recordatorios sobre el pacto de Münich, que se dio a fines de septiembre de 1938, en donde las democracias claudicaron ante los fascistas pensando que evitarían una guerra fascista que solo espero un año más.

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Con el mismo argumento que en Münich, Hitler esta vez obtuvo parte de Polonia por victoria militar y no por dadiva de los poderes liberales como había sido el caso con parte de Checoslovaquia un año antes. Hoy ya no hay guerras fascistas, pero sí abundan las mentiras xenófobas y racistas, la desinformación planificada, que hicieron al fascismo tan poderoso a nivel de propaganda.Lo primero que se debe aclarar sobre estas convergencias entre pasado y presente es que los tiempos de Adolfo Hitler, Benito Mussolini y el Holocausto son muy diferentes a los nuestros. Los derechos humanos, la descolonización, y el fortalecimiento de la misma democracia se afianzaron globalmente luego de las derrotas de los fascismos y quizás éste fue el mejor legado de la victoria anti-fascista.Por supuesto, que también persistieron las guerras, las represiones, las dictaduras e incluso los genocidios después de la finalización de la guerra en 1945, pero es indudable que si algo dejó la derrota de Hitler es que la democracia puede ser destruida cuando no es defendida como se debe.Estamos en una posición mucho más favorable que la de aquellos que fueron atacados por los fascismos: nuestro conocimiento de la historia no es el mismo, la tecnología no es la misma, no lo es nuestro acceso a la información (si estamos interesados en acceder a ella) y tampoco lo son los nuevos autoritarismos.En suma, estamos viviendo en un contexto muy diferente al de los fascismos en el poder que dieron lugar a la guerra. En los años de entreguerras se pusieron de moda las críticas a la democracia desde la extrema derecha y las respuestas fueron fascistas, corporativistas y dictatoriales.

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Así, en Argentina, el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, (hace ya 89 años) fue concebido por el dictador José Félix Uriburu como una crítica corporativista a la democracia parlamentaria existente en el país. En Argentina pero también en Brasil, Alemania e Italia y en muchos otros lugares se constituyeron, gobiernos dictatoriales y se destruyó la democracia por completo.Sin los fascismos, no hubiera habido una Segunda Guerra Mundial ni tampoco la espectacular expansión global del bloque soviético o del liberalismo al estilo de Estados Unidos que se dio después de ella. Tampoco se hubiera dado la Guerra Fría que se dio entre los ismos (comunismo y liberalismo) que habían derrotado al fascismo ni tampoco la creación de una nueva forma de régimen de poder: el populismo.Primero en América Latina y luego a nivel global, el populismo intentó crear una forma política democrática al margen, o por encima, del liberalismo y el socialismo. El populismo presenta una respuesta democrática y autoritaria a la vez.Los populistas no destruyen la democracia pero la atenúan y a veces la degradan. Asimismo, en el caso de los nuevos populistas de extrema derecha, comparten objetivos políticos y se vuelven compañeros de ruta de muchos fascistas. Donald Trump o Jair Bolsonaro regresan a métodos y temáticas propias del fascismo y -como los fascistas- hacen de la demagogia, la fe ciega en el líder y la glorificación de la violencia temas centrales. En estos tiempos que corren, los populistas quieren minimizar la democracia, disminuirla pero sin destruirla como los fascistas querían hacerlo, y finalmente lo hicieron en muchos países del mundo, eventualmente declarándole la guerra a todos aquellos que no compartían su fe en el racismo y la dictadura.

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También ahora, el recuerdo de los crímenes fascistas es parte de la cultura política democrática y somos muy conscientes de todo lo que la historia nos enseña a este respecto.En particular, en Argentina, en donde vivimos una dictadura (1976-1983) con raíces ideológicas en el fascismo local y trasnacional, ese recuerdo ha marcado nuestra cultura política al punto de que hoy en día ninguno de los dos candidatos principales quiere relacionarse con sus pasados y legados. Hitler y Videla son una marca tóxica. Vale recordar que durante la dictadura uno de sus captores le dijo al periodista Jacobo Timerman: “Hitler perdió la guerra. Nosotros vamos a ganar”.Estos argumentos no tienen lugar en nuestra democracia también basada en el legado de la victoria sobre el fascismo al final de la guerra.Si algo nos deja, este aniversario del comienzo de la guerra es recordar quienes fueron derrotados y lo miserables y destructivas que fueron sus acciones. Pero también debemos pensar cómo ese pasado fue posible cuando la democracia era menos participativa, desigual y con líderes que decidían por nosotros.La historia de los fascismos y la guerra mundial que ellos empezaron, y la de los populismos que les sucedieron en el siglo pasado, nos enseñan que frente a estos planteos, la democracia constitucional debe defenderse pero también amplificarse, ser solidaria y hacerse menos desigual.Federico Finchelstein es Profesor de Historia, New School for Social Research de Nueva York

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“Desde 1930, Argentina se especializó en enriquecer la cultura de otros países”

En “Utopía de un hombre que está cansado”, aquel cuento de Borges originalmente publicado en 1975, leemos: “Cumplidos los cien años, el individuo puede prescindir del amor y de la amistad. Los males y la muerte involuntaria no lo amenazan. Ejerce alguna de las artes, la filosofía, las matemáticas o juega a un ajedrez solitario”. Pues bien, Mario Augusto Bunge ejerce la filosofía. El físico, el filósofo, el epistemólogo, este 21 de septiembre cumple 100 años. Y los celebra en Montreal, donde estuvo al frente de la Cátedra Frothingham de Lógica y Metafísica y donde todavía es Profesor Emérito en la Universidad McGill. Desde allí nos atiende amablemente por teléfono, para compartir sus impresiones sobre la Argentina, aquel país lejano, ya casi sin importancia, desde donde se exilió en 1966.-Buenos días Mario. Lo llamo desde Núñez, muy cerca de Florida Oeste, donde usted nació… -Sí, lo oigo, señor Mendoza. Déjeme cambiarme de lugar. Un momentito.Dice eso y enseguida se dispone para el diálogo.-Usted partió de la Argentina en el 1966. ¿Qué cosas podría decir del país después de tantos años?-Ya no se lo ve. Está demasiado lejos. Y no tiene tanta importancia como solía tener hace un siglo. Además hay centenares de miles de argentinos que han huido de las distintas dictaduras y de las crisis económicas y políticas. Las noticias de la Argentina no aparecen sino cuando hay grandes catástrofes: inundaciones, golpes de Estado. Hace ya media vida que vivo en Canadá. Me fui justamente por miedo a que me despertara la Policía en la noche. Aquí me despertó la Policía una vez porque había dejado el auto afuera y tenía un servicio de protección. Pero acá nunca he tenido miedo de la Policía. Ese es uno de los motivos por los que escapé de la Argentina. Aún así, tengo muchos recuerdos y me quedaron muchos amigos allá. Me gusta mucho cada vez que vuelvo.

Genio y figura. De todos los libros que escribió el que más destaca es “La investigación científica”. Salió en 1969 y nunca dejó de reeditarse. / Susan Williams (AFP)

A pesar de su exilio dice que “tuvo suerte”: “Porque en aquel tiempo los argentinos todavía podíamos encontrar trabajo fuera del país sin problemas”. Dice eso y enumera las oleadas de emigración de la Argentina: “Desde 1930 la Argentina se ha especializado en enriquecer la cultura de otros países y en descuidar la propia.” Para él, la Argentina no es ya ese lugar que abrió sus puertas a la inmigración, permitiendo que ciudadanos de distintas partes del mundo se establecieran aquí sino más bien un país que se ha especializado en la emigración: “Los gobiernos militares sin lugar a dudas han contribuido a la argentinización del mundo”, sentencia. Hace algunos años salió el libro Elogio de la sabiduría. Ensayos en homenaje a Mario Bunge editado por Eudeba, donde se reunían artículos de académicos y especialistas que mostraban la influencia del padre de la Filosofía Científica no sólo en la Argentina sino en diversas partes del mundo. Este año, también por Eudeba, saldrá El último ilustrado. Homenaje al centenario del nacimiento de Mario A. Bunge.En ocasión de estas publicaciones que le rinden homenaje también reflexiona: “Me asombra y me deleita al mismo tiempo que ese libro que publicó Eudeba haya tenido circulación. Yo no pensé que en Argentina hubiera gente que se acordara de mí.” Y en la conversación aparece el nombre de Gino Germani y de tantos otros, maestros y colegas suyos. Y de sus alumnos, a quienes también recuerda: “El único país en el que me encarcelaron, donde no pude conseguir trabajo por no tener documentos de identidad fue en la Argentina. Aún así tuve la suerte de ser nombrado profesor por concurso tanto de Física como de Filosofía. Tuve muy buenos alumnos con quienes mantuvimos diálogos muy interesantes y que me enseñaron mucho. Hice mis primeras armas en la Argentina. En un momento dado ejercí tres cátedras en tres facultades diferentes en Buenos Aires y La Plata. Tuve una oportunidad única que no tienen los científicos y filósofos del primer mundo”. Es que a lo largo de tantas décadas Mario Bunge ha sido profesor en los Estados Unidos, en Alemania, México, Suiza, Dinamarca, Uruguay, Australia… Y entre todos aquellos países, para él la Argentina aparece como un lugar donde todo, o casi todo, todavía está por hacerse. Ni el paso del tiempo ni la distancia le impiden expresar una informada reflexión sobre las políticas científicas en el presente. Es que la prédica sobre la importancia de las ciencias para el desarrollo de los países ha sido una constante a lo largo de toda su vida.De 1980 data su artículo La función de la ciencia básica en el desarrollo nacional. Y es ese el tema sobre el que insiste otra vez: “Yo no sé si el próximo gobierno va a proteger a la ciencia o si, en cambio, la va a atacar como lo hizo el gobierno saliente. No podemos saberlo, porque el nuevo gobierno va a tener que cargar con el descalabro del actual, y va a tener que tomar medidas que van a ser impopulares”.

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En la conversación también aparecen reflexiones sobre las buenas tradiciones de la Argentina que para él han sido olvidadas: “La Argentina fue el primer país sudamericano en el que se formaron cooperativas. El primer país sudamericano que tuvo legisladores socialistas, desde 1903 y 1904. El primer país latinoamericano donde se presentaron proyectos de ley de sanidad pública, que luego no siempre se hicieron realidad porque los gobiernos no tuvieron interés en la sanidad pública. Pero hay que reconocer que la Argentina fue uno de los primeros países en tener un Ministerio de Salud Pública.” -De todos sus libros, ¿cuál es el que más destaca?-La investigación científica. Ahí propongo que las fuentes de la ciencias son el problema de la investigación; si no hay investigación no hay ciencia. Ese es el motivo por el cual las medicinas alternativas son falsas, porque no hacen investigación. Se fundan en presuntas autoridades que a su vez se esgrimen sin poner en duda sus propias prácticas.En efecto, La investigación científica. Su estrategia y su filosofía es ese el libro suyo que salió en 1969 y nunca dejó de reeditarse. Bunge aprovecha las referencias a ese texto para cuestionar a la homeopatía y la acupuntura, entre un sinnúmero de prácticas que no poseen un estatuto epistemológico claro. Esa idea, que llevó hasta el extremo en sus diferentes libros, no le impide brindarnos su receta no necesariamente científica para llegar a los 100 años.“¿Quiere que le diga cuál es mi receta para llegar a los 100 años? Cumplir 100 años no es nada. Primero se llega a los 99 y luego el último tramo es fácil. Basta con no hacer ciertas cosas. Por ejemplo: no leer a los existencialistas, no beber alcohol, no fumar. Y sí hacer otras: dormir la siesta todos los días, tomarse dos vacaciones por año y no dejar pasar un solo día sin trabajar, aunque sea cinco minutos. El trabajo es la mejor terapia. Me refiero al trabajo que uno hace con ganas, no al trabajo esclavo”.​ Al toqueUn proyectoProblemas inversosUn desafíoEl socialismo democrático y cooperativistaUn líderDomingo F. SarmientoUn prócerGeneral José de San MartínUna sociedad que admireDinamarcaUna comidaLocroUna bebidaAguaUn recuerdoLa tarde en que le declaré mi amor a MartaUn placerAbrazar a mis nietos Giao, Vi, Emilio, Verónica y DiegoUn sueñoMi clase inaugural en la Facultad de Filosofía, UBA, 1956Un libroEl Quijote de la ManchaUna película/Una serie Montalbano, Un village françaisEl científico exiliado en el ’66, que sigue atentoMucho se habla de los exiliados de los 70. Casi nunca de los exiliados del 66. Fueron muchos. Mario Bunge fue uno de ellos. Se estableció en Montreal. “Llevo más de media vida acá”, nos dice por teléfono desde allá. Pero antes de marcharse el joven Bunge había hecho muchas cosas en la Argentina. En 1937, con 18 años, había escrito un libro contra el psicoanálisis: Marx vs. Freud. Y también dos “novelas”. Y la obra Spartacu, un drama en verso. Algún tiempo usó el pseudónimo de Carlos Martel. Pero todo aquel material se perdió. En 1938, con 19 años, fundó la Universidad Obrera Argentina, en la que los trabajadores recibían formación técnica y sindical. La universidad duró seis años. La “Revolución del 43” la cerró. Eran los tiempos de Ramírez, Farrell y el GOU. En 1952 escribió un libro: Niveles de organización. Y al terminarlo lo quemó.Mario Augusto Bunge nació hace casi un siglo. El 21 de septiembre de 1919 en Florida Oeste. Hijo de un médico y diputado socialista. Y de Maria Müser, enfermera alemana. Polemista, Bunge siempre cuestionó al marxismo, al psicoanálisis, al existencialismo, al posmodernismo, a las tecnologías, a las medicinas alternativas y a todo aquello que no sea reconocido como ciencia. Sus prédicas cientificistas -así como el Augusto que heredó de su padre y que también evoca a August Comte- han colaborado para que se lo tilde de positivista. Pero al positivismo también lo criticó. Considera que los seguidores de Comte son amantes no correspondidos, porque aman a la ciencia pero la ciencia no los ama a ellos. Fue padre de cuatro hijos. Dos argentinos y dos canadienses. Con su primera esposa tuvo a Carlos, que se dedicó a la física, y Mario, que se consagró a las matemáticas. Con Marta, su gran amor, tuvo a Eric, arquitecto; y a Silvia, neuropsicóloga.Reconocido como filósofo, publicó decenas de artículos de física. La física cuántica para él demuestra que la mayor parte del universo es invisible. “La mayor parte del universo es invisible”, repite, como si en lugar de física también hablara del amor -que a veces es invisible- o de política -un arte que también trabaja con la materia oscura y que es en las sombras donde hace sus cosas-. Desde 1984 es miembro de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y, desde 1992, de la Royal Society de Canadá. En 1982 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Humanidades. Gracias al exilio, le dieron más de 20 doctorados Honoris Causa en universidades de todo el mundo. La Argentina no es un país generoso para dar reconocimientos. Pero el Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Plata y los Premios Konex que recibió en 1986 y 2016 debieron ser especiales. Son reconocimientos que reparan, un poco, heridas nacionales como el exilio, la persecución, el desdén. Su autobiografía, Memorias entre dos mundos, narra las memorias de sus cuatro mundos: la Física, la Filosofía, la Argentina y Canadá.​Itinerario​Mario Bunge, físico, filósofo y epistemólogo argentino, nació el 21 de septiembre de 1919. Es la muestra viviente de que los prejuicios son un cristal turbio para mirar el mundo, velos que impiden ver. Tildado de conservador, es un defensor del cooperativismo y del socialismo de principios del siglo XX. Y aunque dice no recordar mucho de la Argentina, recuerda a San Martín, a Sarmiento y el locro. Se llevó al exilio las siestas, ese ritual sagrado con copyright en la pampa y que toda la vida ejerció. Fue profesor de física teórica y filosofía, 1956-1966,en la Universidad de La Plata y la Universidad de Buenos Aires. Vive en Montreal, está casado y tiene cuatro hijos.

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Los conjurados de 2019

Tres “estirpes” de la política exterior argentina -a decir de Silvia Naishtat, que moderó el panel-, se juntaron el lunes 9 en la Fundación Foro del Sur para presentar la revista Archivos del Presente y debatir sobre su tema central: el Acuerdo Mercosur-UE. Se refería a la poesía Los conjurados, de Jorge Luis Borges, citada por el anfitrión del evento, el rector de la Untref Aníbal Jozami: “En el centro de Europa están conspirando (el hecho data de 1291). Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas. Han tomado la extraña resolución de ser razonables. Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades…”. Félix Peña, el ex canciller Jorge Taiana y el canciller Jorge Faurie -de ellos se trataba- asintieron, disintieron y dijeron lo suyo. Para Taiana se trata de un acuerdo “en clave electoral, que daña el interés nacional”. Faurie destacó el logro de haber culminado con éxito veinte años de negociaciones y concede que sigue habiendo detrás un debate sobre modelos de país, entre apertura o proteccionismo. Peña resaltó el camino recorrido y los nuevos desafíos.”Y si no hay acuerdo, ¿qué?”

Félix Peña, Jorge Taiana, Jorge Faurie y Silvia Naishtat, en la presentación de Archivos del Presente. Un debate con aportes y divergencias.

​El ex canciller Taiana manifiesta sus críticas. El actual, Faurie, defiende la trascendencia del Acuerdo UE-Mercosur. Ambos coinciden en algo: hay todavía un alambicado camino por delante, los debates parlamentarios en cada uno de los países de ambos bloques, que deben aprobarlo para que entre en vigencia. Peña recordó que la alternativa a los acuerdos preferenciales de comercio no es mejor: guerras comerciales, y de las otras. Europa mostró la utopía de los versos de Borges hecha realidad. Y hoy navega, entre distopías y serios riesgos de regresión. También por aquí , “la extraña resolución de ser razonables” de Los conjurados de Borges puede ser una bienvenida novedad.

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China y la nueva larga marcha

Le interpelo a bocajarro: “¿No le preocupa que Trump considere a Huawei una amenaza para la seguridad de Estados Unidos?”. Ren esboza una amplia sonrisa que se hace franca carcajada. Ren es Ren Zhengfei, fundador y presidente de Huawei, el actor de una de las historias empresariales más impactantes de nuestra época.Me dice que agradece a Trump la publicidad que ha hecho a Huawei. Y que aunque pueda haber dificultades coyunturales, no afectan a la expansión de Huawei. Porque en las redes 5G llevan dos años de ventaja (ya están en el 6G), porque producen sus propios chips y su propio sistema operativo para teléfonos (Harmony) y, me dice, porque sus mercados se extienden por 150 países y nunca les van a faltar clientes mientras mantengan su excelencia tecnológica.Hacemos una pausa en nuestra conversación y aspiramos la frescura del jardín, oasis en el calor de Shenzhen. Estamos en su espacio privado en la sede central de Huawei. Es un remedo de casa rural, un poco al estilo de su Guizhou natal, una provincia pobre en el sudoeste de China.Aunque allí vivió en una humilde casucha. Junto a nosotros, su mejor amigo y consejero, a quien llamaré “el filósofo”, omitiendo su nombre por si acaso. El filósofo es también poeta y matemático.Fue él quien en mi última visita a Pekín, conocedor de mi obra, me invitó a visitar Huawei, si tanto interés tenía en entender la nueva ola de innovación. Acepté porque siempre ando investigando a los actores de las revoluciones tecnológicas de nuestro tiempo. Saliendo del ámbito de Silicon Valley, que hace tiempo que conozco, para explorar la diversidad de la innovación humana.Y allá me fui, esas fueron mis vacaciones de agosto. Estuve en Shenzhen en 1983, cuando era un proyecto de Zona Económica Especial que Deng Xiaoping imaginaba como plataforma de competición global. Sólo había unos pocos edificios. Hoy Shenzhen tiene 15 millones de habitantes, el doble que Hong Kong, al otro lado de la pseudofrontera, y es una metrópoli hipermoderna, con enormes rascacielos y autopistas y su secuela de contaminación. Allí acuden emprendedores de toda China, que la han convertido en el Silicon Valley oriental.El campus central de Huawei es un parque de 14 kilómetros que incluye la Universidad Huawei, donde se reciclan sus ingenieros. Pasé diez días, hablando con quien quise, husmeando sin cortapisas. Lo que quería entender, como hice en su momento con Apple, Cisco, Google, Amazon y demás empresas creadoras de la era de la información, es cómo, en una China pobre y atrasada, surgió una empresa en 1987 con un mísero capital de 21.000 yuanes, sin apenas conocimiento tecnológico, y esa misma empresa en la actualidad es el mayor productor mundial de telecomunicaciones y el segundo de smartphones (tras Samsung). Y cuenta con 188.000 empleados, de los cuales 80.000 trabajan en I+D; con 21 institutos de investigación en todo el mundo, con presencia en 150 países; suministra el 80% de los operadores de telecomunicación y tiene unos ingresos anuales de 105.000 millones de dólares.Honestamente, lo que encontré en el origen de Huawei fue un emprendedor visionario, similar a lo que fue Steve Jobs para Apple. Debemos tomar en serio el papel de los líderes empresariales como motores de innovación y desarrollo. Ren nació y creció en extrema pobreza, el mayor de siete hermanos cuyos padres eran maestros rurales y siempre priorizaron la educación.Durante la revolución cultural, el padre fue declarado contrarrevolucionario, apaleado y enviado a reeducación, lo que agravó la condición familiar. Aun así, Ren pudo estudiar –en lo que quedaba de la Universidad de Chongqing– ingeniería, pero también cualquier cosa que se enseñara.Como refugio se alistó en el ejército, donde su conocimiento técnico le permitió llegar a ser jefe de un pequeño equipo de telecomunicaciones. Con la liberalización política, el gobierno desmovilizó a cientos de miles de soldados, incluido Ren. Con lo que había aprendido, se fue a Shenzhen, mucho más abierta que el resto de China, y empezó a fabricar conmutadores de telefonía para redes rurales. De ahí pasó a producir para una empresa de Hong Kong. En 1993 creó un sistema de conmutación programada (C8C08) que le permitió contratar con el ejército. Poco después, Nortel utilizó a Huawei como subcontratista, lo que amplió su mercado y su acceso a tecnología.En la larga marcha hacia el mercado global, las claves de la estrategia de Huawei fueron el talento de sus empleados, reclutados de las mejores universidades y reciclados regularmente, y la prioridad en la inversión en I+D, a la que iba el 10% de los ingresos anuales y que la convierte en la quinta empresa del mundo en inversión en ese campo. De ahí que tenga 87.805 patentes, la mitad fuera de China. Los beneficios no son objetivo primordial, sino la inversión en ciencia e innovación.Eso lo puede hacer Huawei porque no es una empresa cotizada en bolsa. Su sistema de propiedad es complejo. Sus acciones están repartidas entre 96.000 empleados. Su gobierno lo asume un grupo de 115 delegados elegidos de una lista elaborada por el consejo de administración. Ren tiene poder de veto. El Gobierno chino no tiene nada que ver. Hay un comité del Partido Comunista en la empresa, como lo hay, por ley, en todas las grandes empresas, incluidas las multinacionales.Pero la visión proviene de un núcleo directivo, en torno a Ren, para el que el horizonte no está limitado por las redes 5G, que no son sino un instrumento para algo mucho más ambicioso: un nuevo mundo construido en la nube de internet y operado por inteligencia artificial en un enjambre de máquinas inter­conectadas y crecientemente autónomas.Una humanidad inteligente y cooperante. No es muy diferente de los sueños de Silicon Valley. Pero su independencia del mercado financiero les da mayor libertad para perseguir sus propios sueños.Manuel Castells es sociólogo y economista. Profesor en la Universidad de California, en Berkeley.Copyright La Vanguardia, 2019.

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El derecho a la educación del siglo XXI

El derecho a la educación, consagrado en las constituciones de los siglos XIX y primera mitad del XX, estuvo determinado por contenidos referidos a la potestad titularizada por las personas de poder acceder, en general, a la educación y ,en particular, a la educación básica o primaria. Las constituciones de la segunda mitad del siglo XX y los instrumentos internacionales sobre derechos humanos incluyeron dentro de sus contenidos el acceso a los niveles secundario y universitario.El modelo que se enmarcó en la revolución industrial estuvo signado por una obligación de hacer, a cargo del Estado, determinada por una actividad de prestación basada en una política pública con un inicio (la escuela primaria extendida al nivel inicial) y un eventual final (la universidad).Con dicho esquema, se garantizó plenamente el derecho a la educación en un contexto social y económico vinculado a un factor de multiplicación de la tecnología (esto es, el número de veces que una tecnología es capaz de mejorar la función o el objetivo que le fue asignado; como por ejemplo, los automóviles permiten pasar de nuestra velocidad al andar 6 km/h a 90 km/h lo cual significa un factor de multiplicación de 15 en cuanto 15×6= 90) que surcó a varias generaciones.La revolución digital presenta un factor de multiplicación de la tecnología de la información del orden de un millón (mientras que el factor de multiplicación de la agricultura fue de 100 y el de la revolución industrial fue de 1000) que se ha desarrollado en tan solo setenta años.La revolución industrial duró cien años, transcurriendo a través de cuatro generaciones, lo cual posibilitó que las generaciones sucesivas fueran cambiando su formación para adaptarse a los desafíos laborales y sociales del futuro. La cuarta revolución industrial motorizada por la inteligencia artificial implica el paso del conocimiento analógico al digital y se desarrollará quizás en una sola generación, produciendo un desafío imposible de determinar en este presente.La cultura del siglo XX donde se insertó la educación estuvo dominada por un plano donde coexistían un conjunto de percepciones superficiales (a veces caóticas) que solamente podían ser superadas gracias a la intermediación de un profesor o un maestro, laico o religioso.Era un camino de articulación complejo presentado como una pirámide invertida en cuya punta se obtenía el sentido auténtico de las cosas, y cuando allí se arribaba, se consideraba que habíamos adquirido el conocimiento o la experiencia.Tal como lo expone Alessandro Baricco en el libro The Game , la revolución digital produjo una revolución cultural donde la pirámide se reubicó en su postura tradicional, puesto que las esencias afloran en la cúspide sobre la base de una experiencia transformada en “posexperiencia”, como una suerte de hija de la superficialidad (la cual se alcanza utilizando las herramientas que provee la insurrección digital) mientras que las complejidades se esconden en algún sitio.Así está hecho el iPhone, Google, Amazon, Facebook, YouTube, Spotify y WhatsApp, desplegando una simplicidad donde la inmensa complejidad de la realidad emerge en la superficie dejando tras de sí cualquier lastre que haga más pesado el corazón esencial. Ante el desarrollo de la comunidad digital, las instituciones públicas y muy especialmente la escuela, no preparan ni tampoco entrenan las capacidades útiles para poder participar de este nuevo juego, lo cual genera una desproporcionada brecha (digital y de las otras) entre incluidos y excluidos.¿Puede el derecho a la educación receptado en las constituciones y los instrumentos internacionales sobre derechos humanos seguir manteniendo la misma estructura analógica frente a la revolución digital? Indudablemente no. De hacerlo generaría un regresivo anacronismo en todos los ámbitos que encapsularía definitivamente a la enseñanza en el superado modelo analógico.El derecho a la educación digital no puede estar limitado por niveles o segmentos educativos, sino que, la prestación del servicio educativo como política pública debe ser dinámica. En otras palabras, las necesidades de aprender demandan una enseñanza constante de cómo se maneja el mundo digital.En este sentido, alfabetizar incluye dotar de capacidades para acceder al mercado laboral, poder desarrollar emprendimientos productivos, disfrutar de los beneficios de la disrupción tecnológica. Esto abarca por igual a las niñas, niños y adolescentes, como así también, a los adultos y a los adultos mayores. Ante dicha realidad el Estado como sujeto pasivo asume -en los términos expuestos por Bidart Campos- una obligación activamente universal que consiste en desarrollar políticas concretas mediante “un hacer frente a todos”.El derecho a la educación del siglo XXI demanda con urgencia pasar del modelo analógico a un sistema digital, de forma tal, que permita optimizar las nuevas relaciones que el ser humano entabla a diario con la tecnología, y en consecuencia, con una emergente cultura de conectividad masiva y subjetividades dúctiles.Andrés Gil Domínguez es profesor de Derecho Constitucional (UBA-UNLPam)

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Presión social y pactos futuros

La puesta en escena (electoral) del acuerdo social que impulsa Alberto Fernández ha sido, por ahora, solo eso: una demostración de voluntad en la que la representación sindical estuvo sobrerepresentada a expensas de la empresaria. La presencia del presidente de la Unión Industrial en Tucumán, Miguel Acevedo, le dio mayor formalidad a la movida que organizó el gobernador Juan Manzur, que trabaja a destajo para reunir masa crítica alrededor del candidato presidencial del Frente de Todos. Acevedo, según se supo, se mostró sorprendido por el decisivo sesgo electoral del acto, pero la música de fondo de ese evento estuvo en sintonía con el deseo de la central de industriales de impulsar una política productiva, tal como Fernández le prometió a Acevedo.La idea de este acuerdo de precios y salarios por seis meses se asemeja, antes que nada, a una tregua para que el nuevo gobierno, si emerge triunfante el 10 de diciembre, tenga tiempo de articular un plan coherente en el que se tiene que hacer visible cómo se financiará, descontando que el crédito internacional estará muy restringido para la Argentina.

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Las definiciones homeopáticas que está desgranando Fernández sobre cómo se cumplirá con las promesas electorales de bienestar y producción apuntan, centralmente, a la estimulación del consumo: “Hay que ponerle plata en el bolsillo de la gente”. Es decir, “salariazo” y control de precios, para empezar. Luego se verá.Está claro, sin embargo, que el Fondo Monetario tomará sus precauciones políticas antes de hacer el último desembolso de US$ 5.400 millones. Este jueves anticipó que Argentina está en una situación muy compleja pero que no se ha violado ninguna regla, contra lo que dijo públicamente Alberto Fernández.

Segundo día de acampe de los piqueteros duros en la 9 de Julio, este jueves, pese al pedido de Alberto Fernández de cesar con las protestas. Foto Martín Bonetto

La versión de que ese desembolso recién se concretaría después de la elección de octubre, es también asumida por el gobierno argentino, así como el “reperfilamiento” de la deuda.Alberto F., desde aquel acto en Tucumán, pidió cesar con las protestas en las calles, una alusión directa a la presión piquetera dura, que debe terminar este viernes, tras 48 horas de corte y acampe en la principal avenida porteña. La tarea política difícil por delante es cómo pueden ir desactivando una movilización que puede convertirse, más temprano que tarde, en un problema para la nueva administración.

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El primer punto es que las organizaciones que están movilizadas contra el Gobierno se financian con dinero estatal, destinada a los sectores de menores recursos pero que también sirve para mantener viva la protesta.La segunda cuestión no menos importante es la división objetiva que se da en esos movimientos, como ha quedado expresado este jueves con manifestaciones distintas en la Plaza del Congreso y el Obelisco. Ese ala más dialoguista -Corriente Clasista Combativa (maoísta), CTEP (básicamente peronistas, con vínculos con la Iglesia) y el Movimiento Evita (Chino Navarro es uno de sus referentes, ahora muy cercano a AF)- estará contenida hasta que se conozca lo que se proponen hacer desde el gobierno. Están en vigilia activa.La emergencia alimentaria votada permite manejar con libertad fondos y compras directas. Son medidas pensadas no para Macri sino para los que están en el umbral del poder.

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