“Vení que te leo”: Federico Andahazi y una reflexión sobre la ética

Federico Andahazi con Alejandro Finocchiaro – Vení que te leo – #Podcast (Pedro Kablan/Infobae)Con una frondosa obra en español pero traducida en más de 30 idiomas, Federico Andahazi, es uno de los escritores argentinos más reconocidos. También es psicoanalista y un “hombre de medios y amante de las motos clásicas”, tal como lo definió Alejandro Finocchiaro como anfitrión de su espacio “Vení que te leo”. “Es un artesano que trabaja con la realidad y la ficción”, amplió.Luego de la lectura de un fragmento de su novela “El conquistador”, en donde el autor se vale de una perspectiva contrafáctica (qué hubiese pasado si los pueblos originarios de América hubiesen llegado a las costas europeas antes de que Colón lo llegara al “nuevo mundo”), tuvo lugar una conversación en torno a ver las cosas con los ojos de los otros, cómo la ética debería atravesar todos los pensamientos e imponerse ante las ideologías y mucho más.Algunos fragmentos destacados:Qué lo inspiró a escribir “El conquistador”: “Estaba escribiendo un libro en México y me invitaron a conocer la casa de gobierno. En un mural que representaba la historia de México, se veía una barcaza con un personaje navegando en el cielo hacia el este. Y dije: “¿Qué pasará si este personaje sigue con esta embarcación y se encuentra con ese mundo nuevo, Europa?”. Entonces me imaginé que vería aquel azteca, aquel mexica, de haber llegado con su barcaza a Europa”“Ponerse en el lugar del otro, ese es el ABC de la sociedad. Una sociedad debería ser eso: poder contemplar el universo desde el lugar que tenés al lado. Muchas veces se usa esta perspectiva, de lo que sentiría el otro, pero para perjudicarlo. Eso es la historia de la humanidad y eso demuestra Hernán Cortés cuando llega a México y lo destruye”.“En la tolerancia está implícita la resignación. Y la verdad es que la igualdad de derechos no tiene que ser una resignación para nadie. Al contrario: tiene que ser una consecución de aquellos que lo ejercen a ese derecho, para alegría del resto de la sociedad. Y no como un acto de tolerancia, a decir ‘me resigno a que tengas ese derecho’”.“Mi abuela estuvo presa en el gobierno de Perón, por ser comunista y judía. Ella participaba de unos grupos de lectura, reuniones de mujeres de izquierda, que durante el gobierno de Perón se prohibieron. Un vecino las escuchó y las denunció y estuvo presa durante mucho tiempo. Le quitaron su derecho a pensar como quisiera, su derecho a ser judía, su derecho a ser comunista. El peronismo le cercenó el derecho a la libertad. Ese vecino escuchó en esas lecturas que había alguien judío y comunista. Se puso en los zapatos del otro: ‘¿Cómo puedo perjudicar a una persona que piensa diferente y que tiene una religión distinta a la mía? Denunciandola’”“Yo fui un niño adoctrinado: vengo de una familia perteneciente al Partido Comunista, fui a un jardín de infantes del PC, incluso fui a una colonia de vacaciones del partido. Tenía 8 años y cantaba ‘La Internacional’ en varios idiomas. No culpo a nadie, de hecho la pase bien en esa época. Pero yo sé bien qué es el adoctrinamiento y eso me enseñó a no adoctrinar a mis hijos: si hay algo que quiero, es que piensen con absoluta independencia de lo que yo pienso. Y afortunadamente, piensan bastante diferente”.“Estoy en una edad en la que descubrí que la ideología no sirve para nada. Si vos me preguntás si soy comunista, si soy liberal… no importa, la ética atraviesa todo el pensamiento. Yo me puedo sentar a conversar con cualquiera, siempre y cuando la ética nos atraviese en el mismo sentido a todos. Ahora, si vos me querés silenciar, si me querés encarcelar, si querés anular mi pensamiento, va a ser muy difícil esa convivencia”.“Algo aprendí de mi historia familiar… Yo tengo dos abuelos: mi abuelo húngaro, que no era judío -era cristiano, protestante, hasta donde sé- cuando fue la ocupación nazi, escondió debajo del sótano a un matrimonio judío, que estaba compuesto por su primera esposa y el hombre con el cual, él suponía, ella lo había engañado. Y tenía escondido en ese sótano a su ex mujer y a su rival, por así decirlo. Había motivos para tener resentimiento, odio, cuestiones personales. Sin embargo, ahí había una cuestión ética que atravesaba todo eso: frente a la disyuntiva de vida o muerte, lo demás no importa. Esa es la ética que atraviesa todas las diferencias, ese hilo que te ata a otra persona, es innombrable”.

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