Para estabilizar el peso hay que trabajar sobre las productividades divergentes

PorVicente DonatoDepartamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Universita di Bologna. Director de la Fundación Observatorio PyMEExiste un acuerdo general que la actual depreciación del peso obedece a circunstancias financieras muy particulares, pero concluir que el dólar oficial no está atrasado basándose en las proyecciones estadísticas sobre la evolución del mismo en el pasado, es más un ejercicio matemático que un razonamiento económico. Y completar el análisis de la serie estadística argumentando que la balanza de cuenta corriente es positiva tampoco es conclusivo, ya que la situación impuesta por el cepo y por el bloqueo turístico, tampoco es realista. Para mirar hacia el futuro y no quedarse en el dramático análisis de la coyuntura, es importante comprender que hay otros factores más estructurales que empujan la permanente devaluación del peso y que si no se resuelven continuarán impidiendo el crecimiento y generando pobreza. Si se observa detenidamente la evolución de los procesos microeconómicos de la producción de bienes y servicios en Argentina, es posible constatar que el mecanismo de base que genera la continua necesidad de depreciar la moneda local de las últimas décadas es la creciente divergencia de productividades entre sectores y tamaños de empresas. Cuando es muy alta la diferencia de productividad entre grandes empresas y PyME y entre sectores que producen para el mercado internacional y sectores que producen para el mercado interno, la incidencia del salario en los costos de los sectores más rezagados es indefectiblemente alta y sus productos son indefectiblemente caros. Ésta es la razón principal por la cual para preservar empresas y empleo la economía argentina necesita un tipo de cambio real alto. Pero hay otro efecto, aún más importante, y que pasa aún más desapercibido, que incide en la dinámica del tipo de cambio. Si en comparación con nuestros competidores internacionales la diferencia relativa de productividades entre sectores y tamaños de empresas no es solo alta sino además creciente, para mantener en equilibrio las cuentas externas del país se necesita no solo un tipo de cambio real alto, sino un tipo de cambio continuamente depreciado en línea con la creciente divergencia de productividades. El extraordinario crecimiento de la productividad de nuestro sector agrícola en las últimas décadas, la excelencia lograda por algunas empresas industriales y el éxito del promovido sector de la industria del conocimiento, frente al estancamiento o regresión de una parte importante de la industria manufacturera y del conjunto de las PyME de todos los sectores de la economía, constituye el problema estructural de base que nos aqueja y que explica la continua tensión entre tipo de cambio, inflación y ocupación que acecha a la economía argentina. Mirando al futuro y para el diseño de una estrategia de desarrollo sostenible, es necesario comprender que el aumento de la productividad de los sectores más rezagados de la economía argentina permitirá producciones más baratas y así aliviará la continua presión sobre el tipo de cambio y sentará las bases para un crecimiento exportador sostenible. Sin convergencia de productividades será cada vez más difícil incorporar nuevos jugadores al negocio exportador, aumentar establemente las exportaciones y sostener el crecimiento sin inflación. Sabemos que la convergencia de productividades entre los distintos sectores y tamaños de empresas es sinónimo de desarrollo, mientras que la divergencia es todo lo contrario. Por esta razón los países realizan enormes esfuerzos, que insumen décadas, para incentivar la convergencia. El aumento de la convergencia de las productividades entre sectores y segmentos de empresas en la economía doméstica favoreció la competitividad internacional de los países que desarrollaron este recorrido. Alemania, Japón, y un poco menos Francia e Italia, son casos históricos exitosos de convergencia de productividades entre distintos sectores y tamaños de empresas. Entre los países más jóvenes, Australia y Canadá son dos buenos ejemplos de éxito. Argentina era un buen ejemplo en América Latina, pero está hoy más lejos de la meta que en los años ‘60. Hoy la política pública argentina debe permitir que el tipo de cambio encuentre un nuevo equilibrio compatible con la actual diferencia de productividades y diseñar e implementar un valiente plan de incentivos fiscales capaces de favorecer la modernización tecnológica para el aumento de productividad de las empresas menores. Tipo de cambio alto e incentivos fiscales son dos objetivos que bien diseñados no son incompatibles, como algunos podrían apresurarse a afirmar. En las particulares circunstancias actuales de Argentina, por ejemplo, incentivar fiscalmente la registración del empleo sumergido en las PyME no solo es reactivante, sino también generador de recursos fiscales en pocos años. Dado el enorme grado de informalidad laboral que existe en Argentina, concentrada casi exclusivamente en las empresas más pequeñas de todos los sectores, prácticamente todas orientadas al mercado interno, dignificaría la vida de 4.000.000 de personas, generando las condiciones de inversión y socio-psicológicas para un mayor dinamismo de la productividad en los sectores más rezagados de la economía y aliviaría así de modo sostenible la continua tendencia a la depreciación del peso.Para estabilizar de manera sostenible nuestra economía y crecer, es necesario transitar un largo período de tiempo sosteniendo un tipo de cambio real alto que atienda las necesidades de desarrollo de amplios sectores productivos que están lejos de la frontera tecnológica y, simultáneamente, disminuir decididamente la carga impositiva sobre las empresas de más baja productividad para que aumenten su nivel de actividad y empleo. La mayor competitividad internacional de nuestra economía sólo puede obtenerse a través de un aumento de la productividad industrial y de las PyME de todos los sectores. Sin aumento de productividad de los sectores más rezagados, la devaluación permanente de nuestra moneda será un tema de nunca acabar. Antes de concluir, es importante destacar que desde la perspectiva de esta nota la solución extrema de dolarizar la economía abandonando el peso no sería una solución. Aún con economía dolarizada, la amplia y creciente brecha de productividades continuaría quitándole competitividad internacional a nuestra economía. En síntesis, hay espacio en Argentina para el crecimiento simultáneo de la producción de bienes transables y no transables, mercado externo y mercado interno, grandes empresas y PyME. Una estrategia combinada, tipo de cambio real alto y disminución de la carga fiscal del trabajo en las PyME, debería poder sacarnos de la recesión estructural en la cual estamos inmersos desde hace muchos años. El establecimiento de un mercado dual de cambios, puede ser una solución transitoria para ganar algo de tiempo, pero no duradera por las mismas razones ilustradas en esta nota. Hay que tomar el riesgo de cambiar de rumbo.

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