“Los ideales morales del pasado son hoy el paradigma del éxito en Instagram”

Los vínculos, los mandatos, el feminismo, el patriarcado reciclado en otros formatos, el fin del amor romántico, la maternidad y las nuevos modos de relacionarse son el objeto de estudio de quien afirma que “todos llegamos como extranjeros al mundo del deseo y sentimos que nunca vamos a terminar de aprender el idioma”.

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Se trata de Tamara Tenenbaum, licenciada en filosofía, periodista, docente y autora de El fin del amor. Querer y coger (Editorial Ariel). Tras aclarar que no pretende hacer de su obra un manual de instrucciones del amor, la escritora nacida y criada en una comunidad judía ortodoxa en el corazón de Balvanera se adentra desde su propia experiencia en las costumbres afectivas y sexuales del mundo laico, así como en sus transformaciones y desafíos. Sobre todo esto charló con Entremujeres.

Portada – El fin del amor – Tamara Tenenbaum

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– En el libro mencionás que al ingresar a la secundaria descubriste que era “legítimo dedicarle tiempo al placer”, ¿cómo cambió tu vida a partir de eso?- Me cuesta un poco decir esto porque al empezar la secundaria tenía 13 años y fue justo en esa época cuando empecé a pensar en el placer. Para los que venimos de otra comunidades donde es más importante hacer las cosas bien en un sentido muy restringido que ser felices, es muy loco descubrir un mundo donde la gente piensa que ser feliz y disfrutar es lo más importante, y que es algo legítimo dedicarle tiempo a eso. Recuerdo ese momento como un descubrimiento.

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– ¿De qué forma o en qué situaciones advertís que se “recicla el patriarcado”?- El reciclaje más importante tiene que ver con que muchos ideales que antes tenían que ver con la moral hoy tienen que ver con el éxito. Ciertos medios femeninos o de lifestyle hablan de cocina, de la dieta que hay que hacer, del sexo que hay que tener. Es lo mismo de lo que hablan hace 50 años, pero ahora ya no es cocinar para tu familia, sino la dieta cetogénica. Pero en el fondo es lo mismo, es algo que está relacionado con dedicarle muchísimo tiempo a lo doméstico en un sentido súper restrictivo. Lo mismo con las parejas, eso que antes era un deber moral, casarse o tener hijos, ahora ya nadie lo piensa, pero es como el paradigma del éxito, lo ves en Instagram. Ves imperativos de 1950 que antes eran imperativos morales sobre la buena mujer, reciclados en lo que tal vez no es “la buena mujer” pero es la mujer exitosa: la que tiene un novio con el que viaja, come bien o hace CrossFit.

Tamara Tenenbaum

– La idea del fin del amor romántico, ¿de qué manera atraviesa a las diferentes clases sociales?- La idea del fin del amor romántico toca a las diferentes clases sociales de maneras diversas. Falta mucho estudio sobre esto, la mayoría de lo que está escrito está escrito desde las preocupaciones e ideales de la clase media y alta. Pero cuando voy a encuentros de militancia y hablo con compañeras que trabajan en los barrios veo que, cuando las condiciones son más complicadas materialmente, eso implica que las mujeres tengan que estar más en su casa sosteniendo. Las mujeres que trabajan en carreras que les gustan son las mujeres privilegiadas. En el caso de las mujeres de clases más bajas muchas veces no les conviene trabajar porque pagarle a alguien para que cuide a sus chicos cuesta más plata de la que ellas obtienen. Entonces, esas mujeres tienen menos opciones en términos de qué hacer con su vida. Nuestra prioridad como feministas es trabajar para que esas mujeres tengan más opciones. Eso no significa que en otras clases sociales no se esté viviendo también un desafío de lo que se entendía por amor. En todas las clases sociales está apareciendo la cuestión del destrato, de la violencia, la cuestión de ‘no nos vamos a bancar esto’ y ‘no lo vamos a hacer en pos de la familia’. Cada vez son más las mujeres que se ponen en redes que son imprescindibles y cada vez más importantes cuando no hay dinero. El amor romántico no es un tipo de amor, es un tipo de supresión.

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– ¿Por qué creés que se rompen mandatos y se avanza en el placer sin desigualdades, pero sigue siendo tabú replantearse el modelo monogámico?- Cada vez se discute más. Hoy está todo el mundo hablando de parejas abiertas y poliamorosas. Después, es muy difícil de plantear. En teoría estamos todos a favor, pero cuando hay que plantearlo en la propia pareja es un desafío porque todavía no sabemos cómo funciona, cómo hacerlo. Parece que cuando uno plantea una pareja abierta está diciéndole al otro ‘me aburrís’, ‘no te quiero más’. También tiene que ver con algo más profundo, con que el deseo es algo móvil, complicado, opaco. Muchas veces no sabemos bien lo que queremos y hablar de eso es algo difícil. No es solamente un tabú social: hablar y entender lo que uno desea y reconciliarlo con el deseo del otro es muy difícil. Más allá de que mucha gente no se anime a tener una pareja abierta, creo que cada vez más la infidelidad ya no aparece como el punto máximo de la traición ni como el fin de la pareja, creo que cada vez más es algo charlable y tramitable, y eso ya me parece un montón. – ¿Qué lugar tiene la lucha colectiva a la hora de la deconstrucción (tanto femenina como masculina)?- Tiene un lugar primordial. Una sola se puede equivocar y tener dudas sobre si algo es violento o no lo es, sobre si algo está bien o no lo está. Pero hay algo de lo colectivo que te acompaña y te enseña. Es mucho más sanador y productivo si estas cosas que nos están pasando las conversamos y decidimos colectivamente qué hacer. El colectivo te organiza, te ayuda, te ordena. Si no, nos quedamos en un feminismo muy yoico que se trata de hacer solamente lo que yo quiero, cuando yo quiero; y no se trata de eso, se trata de cambiar comunitariamente el modo en que nos vinculamos.

Tamara Tenenbaum

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– ¿Qué diferencias destacarías en las nuevas generaciones respecto a los vínculos sexoafectivos?- La diferencia más importante es la voluntad de conversar. Después, hay cuestiones que tienen que ver con cambios generacionales acumulados y el desafío de construir parejas en igualdad, pensando que nuestras parejas estuvieron cimentadas históricamente en la desigualdad. Quizá lo más nuevo es la disponibilidad masiva de un vocabulario para conversar sobre esto y el hecho de entender que ciertas discusiones que antes pensábamos que eran individuales y personales son colectivas y políticas.

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