Robert Kubica, el piloto que nació más de una vez, vuelve a la Fórmula 1 tras ocho temporadas

Al igual que Miguel Mármol, uno de los fundadores del Partido Comunista de El Salvador cuya vida reconstruyó Eduardo Galeano en el tercer volumen de Memoria del fuego, el protagonista de esta historia registra más de un nacimiento. El primero, 34 años atrás en Cracovia. El segundo, hace poco más de una década en Montreal. El tercero, quizás el más dramático, cuatro años después en las afueras de Génova. Esa historia de múltiples alumbramientos sumará este fin de semana un nuevo capítulo en Melbourne, donde el polaco Robert Kubica volverá a competir en una prueba de Fórmula 1 tras ocho temporadas.”Pasó mucho tiempo. Hay emociones, pero no tengo mucho tiempo para pensar en eso, estoy centrado en el trabajo. Intento aprender lo más posible de la nueva Fórmula 1. Las cosas cambiaron un montón desde que estuve manejando acá por última vez”, explicó Kubica en la conferencia de prensa de pilotos previa al Gran Premio de Australia, que abrirá el certamen de la categoría reina del automovilismo.

Robert Kubica firma autógrafos en el Albert Park en Melbourne. (Foto: James Ross / EFE)

El parte aguas en su derrotero, el instante que cambió para siempre su vida, ocurrió el 6 de febrero de 2011, a un mes del inicio de su sexta temporada en la Fórmula 1, cuando el polaco estaba participando del Rally de Andorra: en las cercanías de Génova perdió el control de su Skoda Fabia, que salió del camino y se estrelló contra un riel de contención. Los hierros penetraron en el vehículo y le produjeron serias heridas en sus piernas, sus brazos y su mano derecha, que quedó casi destruida.

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Una hora y media demoró el rescate. Ocho horas demandó la primera operación en el Hospital Pietra Ligure, que logró evitar la amputación de la mano derecha. Otras tres intervenciones siguieron a esa. El automovilismo parecía una etapa cerrada a los ojos de todos, menos a los del polaco. “Volveré antes de que termine la temporada y estaré más fuerte que antes. Los dedos funcionan, los siento, y el brazo también”, le dijo a la Gazzetta dello Sport seis días después de salvar su vida de milagro.Le llevó un tiempo más: recién en septiembre de 2012 pudo volver a participar en una prueba de rally en Italia. Sin embargo las secuelas del accidente le impidieron reinsertarse en la elite del automovilismo. Recién en junio de 2017 se metió nuevamente en un bólido para hacer tests con el equipo Renault y luego fue contratado como piloto de pruebas por Williams, la escudería que ahora le dará la chance de competir en la Fórmula 1 (será compañero del británico George Russell).

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Antes de aquella jornada dantesca en Génova, Kubica había construido una imagen de piloto con potencial de campeón desde su debut el 6 de agosto de 2006 en Hungría. En su primera prueba, como reemplazante de Jacques Villeneuve en el equipo Sauber, terminó séptimo, pero fue descalificado porque su vehículo no cumplía con el peso mínimo establecido en el reglamento. Un mes después subió por primera vez al podio, al terminar tercero en el Gran Premio de Italia en Monza.

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En 2007 protagonizó un tremendo accidente, que luego se transformaría en el preludio de lo sucedido en Génova. En la 27ª vuelta del Gran Premio de Canadá, mientras peleaba el 13° puesto con Jarno Trulli a 250 kilómetros por hora, su vehículo tocó una rueda trasera del Toyota del italiano, se descontroló, golpeó de frente contra un muro, cruzó la pista dando vueltas de campana y golpeó contra el otro muro.

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Pese a la espectacularidad de la situación, Kubica solo sufrió una conmoción cerebral leve y el esguince del tobillo derecho. Se perdió el Gran Premio de Estados Unidos, en Indianápolis, una semana más tarde. Pero volvió dos semanas después, en Francia y terminó cuarto. Al año siguiente ganó su única carrera en 76 presentaciones: fue justamente en el circuito Gilles Villeneuve de Montreal.

Robert Kubica junto a Sebastian Vettel durante la conferencia de prensa de pilotos en Melbourne. (Foto: William West / AFP)

Aquello parece ahora historia antigua. Sobre todo porque Kubica ya no es aquel joven prometedor, sino un piloto experimentado que, a los 34 años, deberá compensar con esa pericia las limitaciones físicas que todavía arrastra su mano derecha.“Robert tiene un talento aparte. Junto a Lewis (Hamilton), es el mejor piloto que he visto en mis 20 años de carrera”, lo elogió su amigo Nico Rosberg, campeón del mundo con Mercedes en 2016. Más allá del respaldo y el respeto de sus colegas, a partir de este fin de semana le tocará demostrar que todavía puede volar.MFV

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