El año Le Parc arrancó en Punta del Este: “Quise hacer un arte que pudiera compartirse con la gente”

Esto es Punta del Este, esto es un hermoso espacio dedicado al arte en Punta, esta es la gente linda de Punta del Este y la gente de la cultura de Uruguay y -en camisa y muy suelto- el ex presidente Julio María Sanguinetti, al que todo el mundo le dirá “Presidente”. Pero todo gira alrededor de un tipo mayor, de pelo blanco, con bastón y una sonrisa llena de dientes: Julio Le Parc, Mendoza, 1928. Un tipo que lleva toda la vida haciendo arte con lucecitas y movimiento, con las cosas más simples. De eso se trata: la Fundación Pablo Atchugarry compró una esfera que se cuelga, muy parecida a la del CCK pero naranja en vez de azul. En la tarde del jueves 10 -fresco, lluvias intermitentes, cero playa- la obra se inaugura y hay fiesta. Saquen sus celulares. Julio Le Parc cumplió los 90 en septiembre y este año parece que nadie se lo quiere perder. Habrá una muestra suya en el Museo Nacional de Bellas Artes y otra en el CCK e intervendrá el Centro de Experimentación del Teatro Colón. ¿Por fin se entendió su arte? ¿Llegó la hora del reconocimiento? “Es un homenaje al mérito de haber vivido tantos años”, se ríe el artista. Y se disculpa y pone la cara: otra foto, otra, otra. Se va llenar Instagram, con su cara y con su obra.

Tres artistas. Atchugarry, Le Parc y su hijo Yamil. / Pancho Pastori, Sur Estudio

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Hay mujeres con tacos y telas nobles, hay hombres con pantalones color coral, hay jovencitos de pantalones capri bien apretados a muslos musculosos, hay chicas de pelo lacio y vestidos claros, hay muy buen sol en las pieles, hay empresarios de muchos millones, hay intelectuales de Peñarol vestidos -y vestidas- con la sencillez oriental. Y está la esfera: 4, 5 metros de diámetro y unas 3.000 piezas de acrílico colgando en tiras. Somos muchos, producimos calor, hacemos mover el aire y el acrílico se balancea. Si se mira fijo, el vaivén es sutil, mínimo. Pero en un golpe de vista, el efecto es de un movimento ágil: la magia de Le Parc. En un respiro de su estrellato -Le Parc se apoya en una silla al costado-, el artista explica: “La luz dentro del acrílico va al doble de la velocidad”.No es un juego todo esto para él: hay que hacer historia. Cuando estudió en la escuela de Bellas Artes, Le Parc  estuvo a la cabeza del Centro de Estudiantes. Desde 1958 vive en París, en 1966 ganó el Primer Premio de la Bienal de Venecia y en 1968 lo expulsaron de Francia –por unos meses– por estar en los talleres que hacían los afiches del Mayo Francés. Ya explicó, en una entrevista con Clarín en 2014, que empezó a trabajar este tipo de obras porque “a fines de los 50 el arte que estaba de moda era hermético. Había un divorcio entre el público y lo que se producía. Quisimos ver cómo intervenir sin caer en la denuncia a través de la figuración, lo que en ese momento hacían Berni o Castagnino. Queríamos establecer un contrato con al gente respetando la personalidad de cada uno”.-¿Todavía piensa obras como esta como un arte democrático?-¡Democrático, mucha palabra! Nunca pretendí hacer arte “democrático” sino un arte que pudiera compartirse con la gente de manera sencilla.

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Objetivo logrado. Esta tarde la obra resplandece en el hall de entrada de la Fundación, en Manantiales (a 15 kilómetros de la Gorlero) y se verifica un postulado Le Parc: “La belleza es política porque crea alegría, sorpresa que te hace sentir vivo”. Click, Instagram.Por acá da vueltas Pablo Atchugarry, un hombre gigante, un artista nacido en Uruguay pero que vive casi todo el tiempo en Italia y le saca al mármol una increíble sutileza en esculturas muy grandes que andan dispersas por el mundo.  Acá, en Manantiales, Atchugarry puso un parque escultórico donde tiene obra de Gyula Kosice, de Enio Iommi, del uruguayo Octavio Podestá y de Alicia Penalba, entre muchos otros. Y donde hizo una capilla -“laica”, aclaran, esto es Uruguay- para una Piedad conmovedora, que Atchugarry vendió en Europa y años después volvió a comprar. “Están los grandes, Le Parc tenía que estar”, dice el escultor, simplemente. Su obra, que pesa toneladas, hace contrapeso con la liviandad de la del mendocino: con sus cuerpos pasa algo parecido.Atchugarry cuenta que la ubicación de la esfera, en el hall de entrada, es provisoria: el proyecto que está en marcha es el de un museo de arte latinoamericano de 2.000 metros cuadrados, donde habrá consagrados y no consagrados, rioplatenses, colombianos, ecuatorianos… Y allí, dando la bienvenida, irá la obra de Le Parc. 

Le Parc durante su exposición en el Instituto General Electric (IGE) de Montevideo, en 1967.

Una puede quedarse mucho rato mirando hacia arriba, hacia la esfera. Puede marearse con las luces que dan vueltas, emborracharse de naranja. Una puede clavarse con el celular apuntando hacia lo alto. Pero abajo, ahora, hay un cocktail y acá está Julio Le Parc, vuelto mosca con las aletas oscuras de sus anteojos levantadas. Acá está Le Parc, con una cara a la que no le entran más besos. Le Parc con su bastón y su camisa color mostaza. Con su hijo Yamil, que en un rato cantará tangos -en castellano pero también en francés- con una orquesta de veinte músicos que viajaron desde Buenos Aires.Llega la hora de las formalidades, chin chin. Habla Ángel Kalenberg, que dirigió durante 38 años el Museo Nacional de Artes Visuales y que hizo una famosa muestra de Le Parc en 1966. “Hace mil años le hicimos la exposición. El arte de Julio era revolucionario, la crítica no lo entendía. Lo veían como un parque de diversiones y no se dieron cuenta de que ahí estaba la semilla que iba a cambiar el arte del siglo XX”, dice,  y un rato después, en círculo de amigos, mostrará en el teléfono fotos de esos años, de cuando los dos eran tan jóvenes, Le Parc tan igual al Yamil de hoy.Toma el micrófono Sanguinetti -que también es coleccionista- y dice que lo conoció allá por los 50, 60: “Él todavía estaba embalado con la revolución cubana cuando vino por acá; a mí ya me había entrado la desilusión, después de grandes entusiasmos. En todo caso, revolucionó con el arte, que es lo eterno, lo que queda, lo que nos conmueve, lo que nos exalta, lo que nos sigue haciendo sentir”.  

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“Es un grandísimo honor que haya aceptado hacer esta obra para la Fundación”, dice Atchugarry, el artista uruguayo que vive en Italia y honra al artista argentino que vive en Francia, tal el destino de los creadores en nuestros países.Termina el acto Yamil. Le Parc, que prefiere dejarle la palabra a un poeta, dice, sin revelar cuál. Y lee: “Soy un entusiasta del arte cinético, o como se llame; de esa pintura y escultura con movimiento, electricidad y luz, que han proliferado en los últimos años, y tienen ardientes seguidores entre nuestros latinoamericanos. La verdad es que nunca me entusiasmó la pintura o el arte por el arte. No habría sabido qué hacer con un Rembrant en casa, mientras que un Le Parc me habría colmado de satisfacción”. Firma Pablo Neruda. Listo.

En la presentación de obra en la Fundación Atchugarry. / Sur Estudio

Nueva York, Bellas Artes, el CCK y el ColónEl 2019 empezó para Julio Le Parc con una gran exhibición que lo reconoce, con 50 de sus obras, en el Met Breuer –una de las sedes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York– y que continuará hasta el 24 de febrero.Aquí, julio será un mes fuerte. El CCK presentará una retrospectiva con instalaciones, obras participativas y algunos de sus trabajos históricos.Casi en simultáneo, el Museo Nacional de Bellas Artes lo homenajeará en su pabellón de exposiciones. “La muestra presentará una serie de obras tempranas inéditas desarrolladas en Buenos Aires antes de viajar a París. El núcleo mayor lo constituirá una serie de obras geométricas, gouaches y acuarelas realizados a fines de los años 50 –parte de estas obras se encuentran en este momento en el Metropolitan de Nueva York–. También se verán algunos trabajos cinéticos”, le adelantó a Clarín el director del museo, Andrés Duprat, quien destacó: “Ha desarrollado una poética personal en base a una experimentación constante del color, la luz y el movimiento”.Por otra parte, en agosto, el pintor y escultor estará al frente del Proyecto Le Parc, un encuentro entre las artes visuales y la música que tendrá lugar en el Centro de Experimentación del Teatro Colón.

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