La zona del crimen del colectivero, una postal del GBA donde los vecinos conviven con el delito

El barrio San Pedro parece inofensivo. Está el hilo de agua servida al costado del cordón. Las casas chicas de cemento blanqueado y una segunda construcción al fondo. Jardines cuidados. Pastos secos en las entradas. Tierras baldías. Perros y caballos sueltos. Un barrio chico y pobre más del conurbano bonarense: mitad barro y mitad asfalto. Que parece calmo pero que en los últimos años no para de supurar horror.El corazón de San Pedro son sus plazas. Nadie las conoce por el nombre. Las llaman 1 y 2. Sobre el pasto carcomido de la 2, unos nenes juegan a la pelota. Pero dos abandonan el partido al ver que un auto estaciona a pocos metros. La presencia del vehículo les recuerda algo. Cruzan la calle. Y dicen: “acá fue, acá fue”. Ellos, que no superan los 12 años, y los pasajeros del auto, todos adultos, buscan una mancha de sangre. La que dejó el colectivero Leandro Alcaraz después de que le disparan en el tórax y la cabeza.Mirá también Denuncian que hay 15 ataques diarios a colectiveros y reclaman seguridadFue el domingo entre las 17 y las 18. Con el sol todavía reventando en el cielo y gente reunida en la plaza. El video del cuerpo de Alcaraz caído sobre la ventanilla del conductor y manos anónimas queriendo reincorporarlo se viralizó por el barrio, en un ejemplo de cómo la violencia puede naturalizarse.”Acá los otros días entraron y violaron a la vendedora”. “Más allá se bajaron de una Hilux y empezaron a los tiros”. “Por el kilómetro 39 (de la ruta 3) a un chico le abrieron la panza, le sacaron los órganos, se los pusieron en la boca y después lo quemaron”. Son algunos de los comentarios hechos por Raúl (el nombre no es el real) y su esposa durante la reproducción de un recorrido del colectivo 620. Trayecto que manejaba Alcaraz el domingo. Y que Raúl deberá seguir atravesando: es chofer de la línea. Mirá también Crimen de Leandro Alcaraz: choferes y vecinos acampan frente a la comisaría de Virrey del Pino hasta la medianocheLa 620, de la empresa Nueva Ideal S.A., une la localidad de Lomas del Mirador con el kilómetro 47,7 de la ruta 3. La ruta funciona como la columna vertebral de La Matanza y la 620 la atraviesa casi en su totalidad. El recorrido es dispar: comercial con carteles en altura, adentrándose sobre la avenida; salpicada de monoblocks, chalets y villas; ordenada con el Metrobus; más asfixiante según el barrio en que se adentre. El colectivo 620 no toca Villa Palito o Puerta de Hierro, zonas más conocidas, por su peligrosidad, por los medios de comunicación. Pero sí los barrios Villa Unión, en Laferrere; La Loma, El Tala y Villa Dorrego, en González Catan; entre otros. Áreas quizás menos escuchadas por periodistas pero en las que la droga, la violencia y los homicidios se desarrollan sin que la policía, la Justicia o la política -municipal y provincial- haga pie. Mirá también Asesinato del colectivero en La Matanza, una zona insegura a la que aún no llegaron las cámaras”Acá lo mataron. Que la Gobernadora (Vidal), el Ministro (Ritondo) y la Intendenta (Magario) vengan a hablarnos acá. Den la cara. Están haciendo política con la muerte de nuestro compañero”, reclamaban en el piquete principal de ruta 3 kilómetro 35. Raúl se miraba las manos. Explicaba que sufrió múltiples fracturas, también internaciones por golpes en la cabeza. Todos, en asaltos arriba del colectivo. Desde hace unos años, su esposa lo acompaña los domingos en el recorrido. “Es el día con menos movimiento y el que más miedo me da. Mirá, el mismo que mataron a Alcaraz”. Después del asesinato, el ministro Ritondo anunció que colocarán cámaras en los colectivos de la línea que circulen de noche. El homicidio de Alcaraz fue de día, con el sol reventando en el cielo. En San Pedro, vecinos, colectiveros y familiares de Alcaraz piden cambios más rotundos. Sino, dicen, “seremos sólo espectadores de tragedias”.

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