La fascinante historia del hombre que saborea los sonidos

Aunque cueste imaginarlo, existe un hombre que va por la vida saboreando los sonidos que escucha. Degustándolos como un enólogo cata el vino. Entonces, de repente, se puede encontrar “masticando” una milanesa con papa fritas porque al pasar por una obra escuchó a un obrero llamando a otro. Y es tan natural para él como respirar. Mirá también Desafíos y oportunidades de la nueva longevidad Tanto es así, que las parejas que tuvo en su vida no las escogió por su belleza o su personalidad, sino por el gusto que le provocaba sus nombres en su paladar. Por lo que, en general, se ha declinado por los nombres que le “sabían” a dulces. “Cuando era niño, escogía a mis amigos según el sabor que me provocaban sus nombres. Cuando crecí, apliqué la misma estrategia para las novias, ya que el sabor de su nombre me resultaba tan atractivo como una personalidad deslumbrante o una sonrisa bonita. Para mí, formaba parte de la ecuación de la atracción, y no una parte cualquiera, he de decir. Salí con una mujer cuyo nombre tenía el sabor y la textura del pan tierno. Otra me sabía a golosinas líquidas. Incluso probé suerte (gran error de juicio) con una que me provocaba el sabor y la textura del hojaldre. Mi hogar, el color de mi ropa, el lugar que elijo para pasar las vacaciones y hasta mi equipo de fútbol favorito tienen vinculadas sus propias texturas y sabores”, explica. Mirá también Alimentación inteligente: 15 puntos claves Su nombre es James Wannerton y así explica su condición: “La compleja y azarosa extravagancia del genoma humano me ha dotado de un cerebro programado de tal forma que cada sonido que oigo lo percibo con un sabor y una textura particulares. Al igual que no se puede “apagar” el sentido del olfato, yo no puedo apagar este peculiar sentido del gusto, que es perfectamente real en mi boca”. Wannerton sufre de una afección neurológica muy rara llamada sinestesia, una condición en la que los sentidos se juntan y hacen que las sensaciones que normalmente percibimos por separado, se entremezclen. Así funciona: “Cuando oigo un sonido, noto un sabor en la boca. Si mi perro ladra, noto el sabor y la textura de la crema pastelera. La palabra like tiene el mismo sabor y textura que un yogur denso y cremoso. El nombre Martín tiene un sabor complejo no muy distinto de las tartas Bakewell. Las voces de la gente también tienen su propia textura. Lo mismo pasa con la música”, explica Wannerton. Mirá también “Tengo 50 orgasmos al día”, la dura vida secreta de los adictos al sexo Sin embargo, lejos de padecerlo, Wannerton está encantado con su sinestesia. “La influencia que tiene en mi vida diaria es muy difícil de describir, dado que se trata de algo con lo que he vivido desde que tengo memoria. Para mí, es algo tan normal como respirar. O como tener olfato. Percibir sonidos sin saborearlos me resultaría antinatural y seguramente alteraría la percepción que tengo de mi entorno de un modo que no podría definir como positivo. Este peculiar sentido del gusto puede hacer de mi día a día una experiencia deliciosa, pero también peligrosamente cargada de distracciones”.El pintor ruso Wassily Kandinsky sufría de sinestecia Según expertos de la universidad de Edimburgo, en Escocia, y de Sussex, en Inglaterra, este fenómeno puede ser ventajoso, particularmente para la memoria. La doctora Julia Simner, de Edimburgo, y el profesor Jamie Ward, de Sussex, investigan si la gente sabia, con habilidades extraordinarias, usa la sinestesia. Uno de estos hombres, Daniel Tammet, tiene la marca europea de recitar en 2004 el mayor número de decimales de Pi. “Creemos que la clave de las habilidades extraordinarias de los eruditos es la sinestesia, les da una ventaja en su memoria del recuerdo”, le dice a la BBC Simner. En el caso de Wannerton, su sinestesia definitivamente lo ayudó en el colegio. Como ahora, cuando de pequeño escuchaba un sonido, tenía un gusto inmediato e involuntario en su lengua. Escuchar el nombre de Ana Bolena (reina consorte de Inglaterra por su matrimonio con Enrique VIII, en el siglo XVI), le daba un fuerte sabor a pera, lo que hacía de la lección de historia un capricho. De hecho, la mayoría de los monarcas de la historia británica tenían un gusto particular, lo que significaba que los podía recordar con facilidad. Su asociación de palabras y gustos también lo ayudan a recordar cada cruce en su camino al trabajo. “Es como un menú fijo. Empieza con un sándwich de mermelada y termina con un caramelo”, comenta. Mirá también Las 6 lesiones sexuales más extrañas que los médicos han vistoComo presidente de la Asociación de Sinestesia del Reino Unido, Wannerton tiene la oportunidad de conocer a mucha gente con estos tipos de habilidades. La sinestesia puede ser de diferentes formas, pues la mezcla de combinación de sentidos puede ser diversa. Qué es la sinestesia El tipo más común de sinestesia es la grafema-color. La gente que la tiene percibe las palabras, letras y números de un color determinado. Un tipo de sinestesia descubierto recientemente es la táctil de espejo, en la cual las sensaciones del tacto se activan cuando una persona con esta condición ve a otros tocarse. Mirá también Mantener relaciones con los ex podría ser signo de psicopatía La forma relativamente rara de sinestesia experimentada por Wannerton es conocida como sinestesia léxico-gustativa. Hay muchas teorías sobre el motivo por el cual existe esta condición. Hay quienes piensan que se debe a un cruce de ciertas áreas del cerebro que normalmente no están conectadas. Otros sugieren que todo el mundo nace con estas conexiones cruzadas que desaparecen en la mayoría de la gente, pero permanecen en los sinestésicos. “Existen distintos tipos de sinestesia y puede haber tantos como combinaciones de modalidades sensoriales. Los tipos de relaciones más comunes son el color-grafémico (en el que las letras y/o números producen colores) y el color-auditivo, en el que la entrada auditiva (voces, música y ruido aleatorio) produce colores, texturas y formas”, le cuenta a Clarín Facundo Manes, y continúa: “Algunos científicos creen que la sinestesia es producto “de conexiones cruzadas” en el cerebro. Esta hipótesis sostiene que las neuronas y las sinapsis que, según se supone, modulan un sentido se “cruzan” a otro sistema sensorial. No está claro por qué sucedería esto, pero dichos investigadores creen que estas conexiones cruzadas están presentes en las personas desde el nacimiento y, luego, se “pulen”, “podan” o “refinan”. Así, los sinestésicos adultos podrían haber conservado estas conexiones cruzadas”. La doctora Simner dice que es un hecho que “el cerebro de las personas con sinestesia es diferente al de los demás por dos motivos: el cerebro de los sinestésicos tiene un grupo extra de conectividad y hay diferencia en la materia gris (se puede apreciar un espesor extra en ciertas áreas)”.James Wannerton “No se sabe cuán frecuente es la sinestesia. Una de las razones es que resulta común para un sinestésico guardar silencio acerca de su condición durante décadas, hasta que un artículo de una revista o programa de radio le hace dar cuenta de que lo que le ocurre tiene una consideración determinada y que no está solo ni es una locura. La sinestesia no está considerada como una enfermedad. Varios investigadores han demostrado que los sinestésicos pueden desempeñarse mejor en ciertas pruebas de memoria y de inteligencia. Muchos piensan que debe ser perturbador andar todo el día con estos colores, formas y sensaciones “confundidos”. Pero, según diversos testimonios, éstos encuentran su sinestesia agradable y no un obstáculo a la vida normal. De hecho, tienen cierta compasión con los demás por no poder contar con estas experiencias sensoriales”, agrega Manes. “Esta corriente de sabores es como un eterno goteo en la lengua, en el que algunas gotas son más intensas que otras y todas se solapan con la anterior. A veces pasa como con las luces fluorescentes: se encienden de repente pero, cuando se apagan, el brillo va desapareciendo poco a poco. Si el sabor es especialmente intenso, tarda un tiempo en irse. Si es un sabor suave, desaparece casi al instante para ser sustituido por el siguiente. Y así todos los días, a todas horas”, añade Wannerton. No está interesado en “curarse” “¿Me tomaría la cura si existiera? Casi seguro que no. Forma parte de mí y no sé si podría manejarme por la vida sin ese sentido. ¿O es que a ti te gustaría desprenderte de tu olfato solo porque a veces captas malos olores o porque te abruma estar siempre oliendo cosas? Ahora mismo estoy resfriado y no percibo olores y sabores “reales”. Después de tantos años, sigue siendo una sensación extraña: como no puedo saborear la comida ahora mismo, los sabores involuntarios no tienen competencia, así que tienen el control absoluto. Puede llegar a ser tedioso y molesto. Quizás te preguntes de qué me sirve. ¿Es una evolución genética o una desventaja? Sinceramente, mi particular sentido del gusto no tiene ninguna aplicación útil más allá de ayudarme a memorizar cosas o hacer que la música me sepa deliciosa”, explica. Fuente: Huffington Post, BBC y Clarín

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